Delirio

Una noche tormentosa, en la que los rayos eran muy estridentes, y el océano se encontraba muy revuelto. Encontré en el pacifico flotando en una balsa pequeña y de color blanco a un náufrago que había estado en un desafortunado episodio común en las embarcaciones militares.

 Su nombre era Luis Alejandro Velasco y tenía ocho días en está aventura en la que vivió una serie de cosas que según pudo relatarme – no se las deseo a nadie -, su aspecto mostraba el cansancio similar al de alguien que trabajado sin parar por mucho tiempo. Estaba cansado, sediento y chamuscado por el sol.

 Comenzamos a entablar una curiosa conversación que inició con algo tan simple y tan obvio que parece una tontería. ¿Cómo está? – Le pregunté – cosa bastante torpe, para alguien que ha estado varios días sin comer, sin beber y expuesto a los rayos del sol. – Mal y muy cansado – me respondió, con una falta de interés tremenda, la cual yo atribuí a su falta de alimento y sus pocas horas de sueño.  La verdad no supe que decir, qué consuelo podría darle yo que no era más que el producto de su volátil imaginación. Me puse roja hasta las orejas y comencé a sudar.

 Hubo un largo silencio mientras intentaba pensar qué palabras podría reconfortar a un desgraciado como aquel. ¿Gusta un cigarrillo? le dije, al tiempo que sacaba de mi bolsillo una cajetilla de Camel y un encendedor de esos que cuentan tres pesos en el mercado. Él me respondió – no fumo, es malo para los pulmones – luego lo recapacitó un poco y me dijo – ¿qué importa ya si cuido mis pulmones? De todas formas no creo salir vivo de este embrollo.

 Intenté darle ánimos diciendo ya veras que las cosas se van a arreglar. Pero él no pareció tan convencido de ello. Detesto – me dijo – que las personas quieran darte esperanzas inútiles al respecto de algo que está totalmente perdido. Después de ocho días en los que he estado perdido, sólo he visto tres aviones que intentaron rescatar a los náufragos de la tripulación y yo no tuve la fortuna de morir con ellos. Para es momento es evidente que Luis ya consideraba a la muerte como un privilegio, más que un castigo.

 Su maltrecho cuerpo estaba a punto de sucumbir ante el cansancio y la desesperación de no tener algo de lo cual aferrarse para mantenerse lucido, entonces se levantó del lugar en el que había estado sentado largo tiempo, dio un pequeño giro hacia la derecha y dispuesto a todo se lanzó a la inmensidad del agua, dispuesto a ser devorado como un pequeño pez al que devora un tiburón.

 De pronto sintió la humedad del inmenso mar que lo rodeaba, como la corriente lo jalaba hacia en fondo, saboreó un poco de agua salada; pudo ver como era atacado por un enorme tiburón blanco, el cual le arrancaba una mano de un tajo, sintió como comenzaba a desangrarse y a perder fuerza. Entonces un sobresalto lo volvió a la realidad, despertó lleno de sudor frío, ese sudor que sólo puede producir un mal sueño. Pudo ver que aquello que lo atormentaba había producido tan horrible sensación, era sólo una gaviota que picoteaba su mano y había ya logrado hacerle una pequeña herida.

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Una vez más cedo este espacio para presentarles el que al menos a mi me pareció un gran cuento, tiene un retruecano medio raro que le da el toque especial, el narrador es la alucinación del personaje y  hasta ahora no habia leido algo asi. Espero les haya gustado el cuento la autora es :Fabiola Hidalgo. Le mando un abrazo y un beso. Gracias a ustedes por visitar.

3 comentarios para “Delirio”

  1. ese Tepokany
    ke bien ke sigas con cuentos buenos en este espacio, yo necesito hacer un blog pero para periodismo
    asi ke despues me ayudaras eeeeeeee…
    asi ke vamonos llendo kon los wretche y a darle Rockabilly
    Bitz

  2. Mi queridísimo Tepojunky es un placer revisar su blog y más aún es un verdadero honor que una de mis obras maestras (causada por un toque de somnolencia) esta publicada en él. Ojalá que siga usted siendo mi editor y corrector de estilo 4ever. Lo quiero harto y le mando 1000 besos y abrazos. ;)

  3. vaaamoss pon mas cuentos…

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