En el año 2050 se agudizó la crisis mundial energética. Los Estados Unidos amenazaron con atacar a las naciones petroleras sí ellas no les daban el cincuenta por ciento de su producción de crudo. Venezuela fue el primer país en oponerse y en sufrir un bombardeo en el palacio presidencial.
Pronto se unieron más países a la lucha por el oro negro. Al eje de Estados Unidos se adhirieron Japón, la unión europea y Rusia. Combatiéndolos estaban “Los defensores de la Soberanía”, como se hicieron llamar, conformados por la mayor parte del mundo; con excepción de Oceanía, Canadá, India, Madagascar y Argentina que decidieron mantenerse fuera del conflicto. Sin embargo, años después, fueron obligados a unirse al problema, integrándose a las filas de los “defensores”.
La guerra ya había durado 10 años. Se encontraban destruidos en mayor parte el continente africano, asiático y europeo; sin embargo la acción bélica seguía. Las enfermedades se encargaron de matar a los sobrevivientes de la práctica guerrera en aquellos lugares. La emigración masiva no se podía hacer esperar. Muchos migraron hacia los países pacíficos; pero esto provocó que, en poco tiempo, las ciudades “estables” se encontraran sobre-pobladas y surgieran hambrunas.
Mientras tanto la guerra seguía: parecía que ya se había olvidado el por qué se peleaba. Los contrincantes solo sabían que debían ganarle al enemigo. El día primero de Julio del año 2061 doce bombas termo-plasmáticas fueron soltadas sobre las -ya escasas- comunidades rebeldes: México, El sur de Venezuela, Cuba, Egipto, Irán, Irak, Israel, Pakistán, entre otros. Esta acción condujo una serie de catástrofes cruciales para el planeta entero.
El mundo, prácticamente, se acabó. El uso de las bombas termo-plasmáticas provocó grandes cambios en la atmósfera del globo, ya que los gases ionizados por nitro carburos de plomo subieron a la estratosfera y se diluyeron con el agua acumulada en las nubes, causando la lluvia más ácida de la historia con un mes de duración.
Las radiaciones plasmáticas están constituidas por emisiones alfa, beta y gamma (cancerígenas); sin embargo, también cuentan con la más dañina de ellas: los rayos Omega. Este tipo de radiación es culpable de provocar el aumento de tamaño de la caja torácica, conversión de extremidades en ventosas, deformación de la masa encefálica y rapidez evolutiva, pero solo en las especies que se logren adaptar; de lo contrario provoca la muerte y consecuentemente la extinción.
Algunos animales lograron sobrevivir a la radiación plasmática y durante cientos de años su descendencia presentó mutaciones. Ciertas especies se adaptaron, muchas perecieron, pero muy pocas aparecieron.
El ser humano casi quedó extinto. Salvo algunas pocas comarcas, todo se encontraba deshabitado. La acción de las armas nucleares provocó erosiones en la tierra, por lo que los pocos sobrevivientes, a lo largo de cientos de años, se vieron obligados a refugiarse en los lugares que no habían sido dañados por las bombas, para evitar radiaciones que alteraran sus genes.
La natalidad en esas comarcas fue controlada por cuestiones de alimentación, por lo que la raza humana no volvió a proliferar en la tierra. Los hombres se tenían que enfrentar a las bestias feroces que la mutación provocó, principalmente a las ratas, puesto que éstas se convirtieron en su gran depredador. Aquellos animales eran de gran tamaño, alcanzaban los dos metros cuando se levantan con las patas traseras, vivían en grupos organizados; sus presas eran los niños y las mujeres.
El mundo cambió y la guerra terminó cuando se acabaron las armas, los ejércitos, la infraestructura y los motivos. Hasta la fecha se sigue viviendo en pequeñas aldeas aisladas de las selvas y desiertos mutantes. Se tienen noticias de la existencia de dos poblados cerca de las costas del Golfo de México; sin embargo, la tecnología se ha visto dañada por las emisiones radiales, lo cual impide el uso de ella para la intercomunicación con aquellas poblaciones.
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“El hombre es el lobo del hombre” decía Hobbes. Nuestra raza, al parecer tomó como verdadera esa frase y, peor aún, se empeño en hacerla realidad. Mientras, encerrado en este túnel, espero que los Nadie quieran pelear por recuperar su verdadero nombre.
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