¡A ver si te buscas un trabajo!

•Junio 23, 2009 • 1 comentario

“¡Eres un pinche huevón!¡ ¡A ver si ya te pones a hacer algo, a ver si te buscas un trabajo!” grita mi madre. Pero no piensa en  cuáles son las disyuntivas de buscar un empleo en ésta ciudad, tiene más de veinte años sin tener que hacer una entrevista de trabajo, así que está completamente descontextualizada. Los periódicos, las páginas de internet y las bolsas de trabajo en escuelas son la principal fuente de información para encontrar un empleo; “en mis tiempos bastaba con el diario”. Pero ya no estamos en sus tiempos.

      En primer lugar la información que viene en la parte trasera de los periódicos junto a las ofertasde autos y los servicios sexuales ya no es nada confiable. Gane seis mil medio tiempo estudiantes auxiliar de oficina.Srita. Veronica. 55-96-85-67. Verónica mal escrito…  Seis mil al mes medio tiempo, ajá si, de seguro disponibilidad de ascenso en menos de un mes. Hace tiempo fui a una entrevista de esas, ya me había endeudado  con mil pesos por un traje asi que pensé que debía usarlo en esa entrevista, digo, para que valga ¿No?. Llegué deslumbrante (mis amigos exclamarían anonadados ”¡wow, te bañaste!); el lugar: un salón de eventos sociales.

      Fue la primera prueba de desconfianza. Subí a donde me indicaron, había más gente, desde jovenes de 15 años, hasta señoras de cincuenta; todos al parecer esperando al entrevistador. Algunos aseados, otros no tanto, los menos descarados arreglados como su vida diaria se lo permite. Llegaron unos y me preguntaron si yo era el entrevistador (  lo que un saco, camisa y corbata provocan), lo negué y me sentí incómodo, a punto de salir corriendo de ahi, decepcionado, porque si a mi me confunfian con alguien importante, entonces que podia esperar de los demás que estaban ahi, seguramente uno tenia que ser el maldito entrevistador y la verdad no habia ningún candidato a ese puesto.

         Más tarde llegó la segunda prueba de ese fatal accidente en mi vida laboral: llegarón los dichosos reclutadores con un retraso de una hora. Uno chaparro, moreno y feo ( sin discriminar), con un pantalón de vestir brilloso (índice de su uso prolongado), una camisa verde pistache, una corbata que no combinaba (Hasta los hombres tenemos un poco, un poquito, un poquititito de razón o lucidez en la combinación de colores, es la naturaleza de nuestra visión; tal vez el tipo era daltónico) y un tono de voz demasiado afeminado, de esos tonos chillones y molestos. el otro era un gordo que sudaba ytenia dificultad al caminar.

      ¿Crees que salí del lugar al instante no? Me gustaría decirlo, pero no. Fue ungran error, lo se, pero me quedé. Inició el tipo gay con un discurso que me mantuvo entretenido tratando de recordar lo poco que he aprendido en la escuela sobre persuasión. Su discurso era horrible, no se cómo los demás estaban tan emocionados con lo que el afeminado les decía:  “¿Les gusta el dinero, no?. A todos nos gusta el dinero (acentuado de manera sexosa-vomitiva.. wack) Pues en éste empleo ganarás mucho dinero, todo de pende de ti, hay disponibilidad de ascenso, osea que puedes ganar más dinero, nosotros nos fijamos en la actitud, asi que sonrian, ¿quieren éste trabajo o no? es una pregunta ¿Quieren éste trabajo o no?… (Efusiva respuesta del público, cuál si fuera una sesión de ayuda al autoestima; yo cómo siempre, de antipático, mis amigos lo corroborarán si lo dudan…), bueno pues los vamos a evaluar y conforme a su ánimo los seleccionaremos”.

      Completamente ¡ASQUEROSO! Le siguió el sermón del hombre gordo, hablando de las posibilidades de ganar mucho dinero, de tener dos puestos yganar doble sueldo ( ay ajáa), nos dijo que su auto no circulaba ese dia y por eso llegó en “colectivo” y puso tanto maquillaje como pudo a la cuestión del dinero. Jamás se mencionó cuál era la mecánica del empleo, dónde estan las oficinas ni cuándo se empezaba a laborar, al último fuimos escojidas unas treinta personas y se nos dió una dirección en Av. Insurgentes para ir a “firmar el contrato”, se nos pidio llevar pluma, papel y una solicitud de empleo. Por fin había salido de aquél salón de fiestas infernales, miré mi reloj: ¡Erán las tres de la tarde! ¡Había llegado a las once! Sí, tienes razón me sentí pateticamente patético. ¿Me vestí de traje para ni siquiera tener una entrevista? ¡Mejor me hubiera ido igual de mugroso que los demás!

      Seguro pensarás que  no fui al día siguiente a “firmar el contrato”. Pues… tienes razón no fuí. No podía volver a perder mi tiempo dos veces. ¿Pero a qué vino esta anécdota? Ah si…los reclamos de mi madre. Pues si, los periódicos ya no son de ese fiar en ése aspecto, al menos en internet te ponen sus correos electrónicos o las direcciones de sus sitios web y tienes más posibilidad de investigar para quien vas a trabajar. Pero aún así es dudoso, además de que es dificil.

     No es que no existan ofertas de empleo, si las hay, sólo que son con sueldos miserables y a tres horas de camino desde mi casa. Tampoco es que  menosprecie el trabajo de los señores que asean los baños, vigilan la seguridad de su empresa o venden perfumes de casa en casa para quedarse con numeros rojos pues su inversión no fué muy adecuada, pero la verdad, la verdad, yo creo que soy capaz de desarrollar trabajos  con un poco más de sueldo. Por mientras sigo buscando, no hay muchas alternativas ni buenas ofertas, y si las encuentro son hasta el otro lado de la ciudad (yo vivo en la zona oriente) ¡Imaginénse, cruzar la ciudad más grande del mundo por 50 pesos diarios! ¡Gastar  tres cuartas partes del sueldo en transporte! 

Por el momento  y hasta encontrar algo adecuado, prefiero seguir escuchando los gritos neuróticos de mi madre y sus deslices de psicosis; y utilizaré el mismo traje con el que sigo endeudado en cada entrevista hasta conseguir un buen empleo ( y pueda saldar mis deudas jajaja) , digo, para que valga ¿No?♫

Teorizando, como buen comunicólogo que soy…

•Mayo 27, 2009 • 1 comentario

Esta vez he dejado un poco de lado mis dotes literarios ( ja) para inmiscuirme en la ciencia de las ciencias de la comunicación. El más grande gusto y privilegio del que gozo ( y sufro) en estos momentos. Es una gran sensación que me produce conocer y aprender en esa escuela ( H.H. FCPyS de la UNAM), que en serio no lo igualaria con nada; conocer creo yo es más alucinante que la marihuana; conocer es en realidad volar y liberarte al mundo, conocer es Ser-en-el-mundo, el Dasein del que Heidegger hablaba. Bueno sin aburrirlos más en mis ensoñaciones estudiantiles  he aqui lo concreto del asunto:

¿Qué es (teóricamente) un video?

 Captar una imagen con movimiento, volverla repetible, asegurarle un lugar en el tiempo  (o un tiempo en el espacio) es  la actividad que  conforma al video. Al grabar algo tratamos de guardarlo, preservarlo. El video por  tanto es en primera instancia un documento, sirve para mostrar en el futuro que lo que filmé tuvo su lugar en el presente; de hecho de esta manera nació el cine, como una garantía de la historia.

        Sin embargo, al darse cuenta de que la capacidad de retener la imagen en movimiento no sólo indicaba  la aprehensión de lo real, sino que se podía manipular la situación para filmar algo actuado, no necesariamente real, es lo que volvió al video una herramienta para crear ficciones; el hombre ve  “el video como posibilidad narrativa que libera la expresión, el tiempo, el espacio y la vida”[1].

       Así  pues, el que posea una cámara tiene la capacidad de crear una realidad (real o virtual, pero al final “realidad”), y  la facilidad de dirigir la mirada de los espectadores hacia lo que él quiera mostrar. Indica una relación de poder entre  el realizador  y los espectadores y es, de algún modo, un juego entre exhibicionistas y voyeurs:

 

 “El cine, que es un espectáculo público de imágenes fotográficas en movimiento, se basa en el voyerismo congénito y esencial del público, en su necesidad emocional profunda, que en siglos anteriores satisfizo el teatro, de atisbar o espiar vidas ajenas, sin que los espiados parezcan darse cuenta de tal observación ajena.”[2] 

 

       Por otro lado la facilidad con que se puede digerir un video, al menos superficialmente, impone una ventaja inherente de la imagen: que no necesita decodificarse. En efecto, nadie nos enseña un código específico para poder leerla, el simple hecho de percibirla tiene consecuencias dentro de la  formación cultural psíquica y comunicativa del usuario de dicha imagen, diría Sartori: “La imagen no se ve en chino, árabe o inglés; como ya he dicho, se ve y es suficiente.”[3]

       Y sin embargo se llega a decir que hay un lenguaje cinematográfico. ¿Cuál es entonces la respuesta a tan impresionante paradoja? Creemos nosotros que la técnica.    

        Redundando en los párrafos anteriores  pensamos que en un nivel primario de aprehensión de la imagen no se necesita un código para que sea posible su lectura, no es primordial, pues, un  “código sígnico”;  más bien sería el código cultural el que permitiría asimilar las imágenes desde alguna perspectiva que  concuerde con las tradiciones, costumbres y roles sociales del espacio/tiempo en que se desenvuelva el espectador, sin embargo, eso no permite que en otro contexto distinto no se perciba una imagen, por lo tanto  un  código, “el código” no es indispensable.

         La técnica es entonces  la forma en que se puede leer un video de una manera “especializada”,  haciendo analogía  a Eco, con “vista de escritor”  y no con la de lector.

Entonces es esta  visualización de escritor  o mejor dicho productor con la que se puede analizar  un video, desde los ángulos que toma la cámara, la temporización de la toma, el sonido, los colores, los efectos, las transiciones, los argumentos, etc.

        Es pues una lectura “tras líneas”   el resultado de una mirada más critica basada en los conocimientos que podemos absorber de la técnica cinematográfica. Podemos encontrar cualquier calidad de productos audiovisuales, desde escenas pintorescas hasta documentales sin importancia o verdaderas obras de arte.

       El arte del y en el video. Es otro tema polémico que desata la imagen en movimiento respecto de su nacimiento como simple documental o representación altamente icónica de la realidad. ¿Se puede hacer arte con la imagen móvil y sonorizada? Es una de las críticas que ha recibido el cine desde que nació.  Trataremos de no caer en debates estériles sobre la  verdadera esencia del arte y consideramos que sí se pueden realizar obras de arte en pantalla, ya  que la simple oportunidad o capacidad de captar algo desarrolla una relación “mística”  por poder atrapar el tiempo, lo cual se debe admitir, se cree suficiente excusa para declarar algo como “arte”.

      Por ejemplo, cuando vemos un video no decimos “ahí esta una imagen de mí cuando tenía cinco años”, al contrario, al vernos en la pantalla afirmamos que ahí estamos, presentes, percibibles. Es esa la característica que hace que la imagen sea un lazo  que nos lleva al pasado percibido como presente y que por lo tanto se le dé una connotación sagrada o artística. Ante la disyuntiva del arte en lo audiovisual Simón Feldman dice:

 

En efecto, es extremadamente común aún entre quienes hacen sus primeras  armas en la filmación amateur, considerar que basta registrar <algo> con una cámara filmadora, para que el resultado sea una expresión <artística>.  Es tanta la sugestión que el <milagro> de la captación de la realidad en el cine despierta en ellos, que confieren a la reproducción más anodina o trivial un poco de la calidad artística de las grandes películas”. [4]

 

 Seguiremos la línea con la que Feldman habla del cine para contextualizar, y a la vez resumir, las visiones que generalmente se tienen de la práctica fílmica:

 

“El cine es fundamentalmente industria… comercio… arte… técnica… entretenimiento de papanatas… Sí y no. La realidad es que sólo podemos definir al cine como un lenguaje, un medio de comunicación, apto para expresar legítimamente un amplísimo registro de necesidades y objetivos”[5]

 


[1] Omar Rincón.  (Compilador) “Televisión pública: del consumidor al ciudadano” Bogotá, Convenio Andrés Bello, 2001. P.14 Versión on line http://books.google.com.mx/books?&pg=PA102&dq=El+video&as_brr=1#PPA14,M1

[2]  Román Gubern. “El eros electrónico”  P.176

[3]Giovanni Sartori. “Homo videns. La sociedad teledirigida”  P.41.

[4] Simón Feldman “ La realización cinematográfica”  P. 67

[5] Ibidem 69

Revolución

•Marzo 29, 2009 • 1 comentario

Caminaba por la acera tratando de cubrirse de la ligera lluvia que caía esa tarde. Habia salido corriendo de su casa al  entender que nada cambiaria. Pensó en nunca más volver pero terminó creyendo que por el momento lo mejor era olvidar el asunto y deambular por  la ciudad.  Su paso se notaba furioso, subió el volumen de su reproductor de música. “But when you talk about destruction, Don’t you know that you can count me out”…  Llegó a la plaza que estaba completamente vacía, subió al kiosko para guarnecerse un poco del agua, contempló el lugar, la revolución que se llevaba a cabo en aquél instante: una fila de gotas atacaba  con furia al suelo, los árboles y arbustos;  un estruendo asesino se hacia notar en aquella guerra.

Cerró los ojos, escucho el devenir furioso del agua, la multitud de sonidos que aparecían  en aquél centro bélico. Repitíó la canción. “You say you want a revolution Well, you know We all want to change the world”… voló hacia sus adentros y gritó tan fuerte como su garganta lo permitió. Fué un grito contínuo, grave,  protestante. Su sonido se fundió  por algunos instantes con el del agua cayendo y se volvió una inmensa y furiosa  quimera que destrozaba el orden y la continuidad. Todo se detuvo en aquél instante, todo menos el grito constante y el sonido del agua. Las gotas suspensas en el aire, inmóviles, formaban una cortina que impedia la visibilidad concreta de la plaza, pero el sonido seguia fundido con el grito de protesta. 

De pronto, en aquella utopia sonora se percibio ligeramente un “You say you got a real solution Well, you know, We’d all love to see the plan”… Recordó de nuevo la discusión, una simple confrontación de ideas que terminó en agresión dejando como resulto un inmenso vacío. ¿De qué había servido tanto tiempo si al final se le obligó a desecharlo? Se sintió  una vez más en la inmensidad de las soledad, de la furia, el dolor y la impotencia. Sentía que sus actos nunca podrían hacer que cambiara el mundo. Más no era su finalidad hacer un mundo a su manera, sino más bien un mundo que a su juicio resultaría más incluyente y tolerante, más agradable y justo. Sin embargo, sólo estaba ahí rodeandose por una inmovilidad de la realidad que unicamente dejaba oír la caida del agua, la  voz de Lennon y su grito constante e infinito, su disgusto.

Pensó en abandonarlo todo, en  unirse a esa estaticidad infinita, en apagar su grito, su reproductor de música y su dolor, su impotencia y frustración. Pensó en desaparecer y undirse en el silencio, mas estaba conciente de  que en la movilidad había desaparecido y en la inmovilidad seguia en acción.

Meditó en medio de ese sonido gutural que emitía sin descanso. Decidió cambiar el sentido de aquél mensaje. no gritaría más por dolor e injusticia, por impotencia , soledad y furia. Ese grito cambiaría su uso, se limitaría a protestar, enjuiciar, cuestionar, proponer. Decidió regresar a la realidad activa, Lennon seguia cantándole al oído, las gotas comenzaron a caer , el tiempo a correr, el sonido que salia de su ser se apagó. El ataque seguía; sonriendo bajó  las escaleras del kiosko y miró hacia arriba. Fuertemente le gritó a la realidad, al hombre,  a la sociedad y  a los problemas: “ We all want to change the world. But when you talk about destruction, Don’t you know that you can count me out. Don’t you know it’s going to be alright,  Alright… alright.”

Carta a mi mismo

•Marzo 19, 2009 • 3 comentarios

Cuando me convencieron de abir éste portal  me prometí nunca usarlo cómo “diario”. De hecho tengo uno en el que cada que lo recuerdo escribo. Amo escribir. Bueno, y rompiendo mi promesa me encuentro hoy al teclear estas letras. Necesito un nuevo desahogo porque la presión y la importancia que le doy a la realidad comienza a  atraparme, siento que empiezo a perder mi esencia. La que tarde en recuperar durante dos años. No sé que suceda, pero la vida cotidiana no es para mi.  Tal vez me he preocupado demasiado, eso de tener que enfrentar una crisis que aunque simbólica ( por el unico poder del dinero que nace a partir del valor simbólico que le damos) se hace notar en mi hogar.

Mis padres se esfuerzan por darme  los ingresos considerados para la escuela, sólo eso.  Pero no es suficiente. Y no es que yo me de los lujos de salir a emborracharme cada viernes cómo es costumbre para mis compañeros de la facultad. En primera no me gusta, en segunda, no cuento con la facilidad monetaria para hacerlo. Todo ese dinero que gastan preferiria yo usarlo para las copias que aún no saco de Teorias de la comunicación o los libros que pide el profesor de Historia. No, no me considero ñoño, sólo me gusta leer, auqnue a veces se vuelva pesado. Los quinientos pesos que aproximadamente se gastan cada viernes los usaria yo para comprar peliculas fotograficas, tomarlas y llevarlas a revelar e imprimir.

 Yo sabia que estudiar la carrera sería dificil, pero nunca imagine que uno de los obstáculos para poder realizar éste anhelo sería impuesto por mis padres. No los juzgo, estoy conciente de la situación económica que rige a mi familia, es por eso que decidí buscar empleo.

No es la primera vez que lo hago, de hecho trabajo desde los doce años o antes, obviamente no en empleos de categoria e importantes con prestaciones de ley y facilidades de ascenso. No, cuando se crece en un ambiente clasemediero que nació de la pobreza se debe aprender a obtener las cosas por sí solo. Desde los doce años yo me visto y me calzo, a excepción de los ocasionales obsequios que mis padres me hacen. He trabajado como vendedor de ropa, como empacador en un centro comercial trasnacional, de fotógrafo de fiestas ( deplorable y nauseabundo, por cierto), vendiendo dulces, vendiendo periódicos, vendiendo disfraces,  he vendido hasta chicharrones preparados y plátanos fritos jaja. Laboré en un telemarketing tambien.

Y siempre llega un momento en el que dices ¡No mames! ¡Estoy harto! muchas veces tambien, no lo puedo negar, nos ponemos en nuestro papel de victimas, pero ¡imaginense si el yo fuera considerado anti-ego por nosotros mismos! ¡Terminaríamos suicidandonos tan solo al tener conciencia de nosotros mismos!

Siempre tambien he tendio salidas por las cuales ahuyentar el estrés: ver televisión, leer, gritar, llorar, esuchar música a todo volumen en una tarde lluviosa, esconderse debajo del escritorio, salir a caminar, escaparte de tu casa, tomar fotografías, escuchar The passenger , a los Beatles “strawberry fields forever“  o “chale! ¡Sólo quiero un pedacito de mundo pa mi“, o subir al techo de mi casa en la punta del cerro y mirar la inmensidad de ésta realidad putrefacta, o acostarme y  mirar la inmensidad infinita interminable y grandiosa del cielo e imaginar que te supernovas rápidamente en un alto grado de exo-conciencia del mundo. Está bien lo dire en una palabra me “malviajo”

Pero es que ¿qué otra salida puedo encontrar ante esta realidad tan asfixiante? Es raro, me siento enclaustrado en el mundo. siempre he dicho que no he nacido yo para éste mundo, no es que éste tomando una actitud egoísta y presuntuosa sobre mi persona, porque (sin presumir, sinceramente) la sencilles es lago que me caracteriza, y lo puede constatar la gente que me conoce.

Yo soy una persona buena, fuera de los impulsos destructivos que tengo hacia con mi hermana cuando n0s enojamos y que se muestran esconciendole sus cosas o molestandola cuando habla, creo que soy una persona buena. no me gusta dañar a la gente y hasta cierto punto me intereso por su bienestar. Siempre he dicho que cambiaré al mundo y que me gustaría que la injusticia terminara. Pero luego observo la realidad y me vuelvo a decir ¡No mames! Lo mejor que le pasaria a éste planeta sería que lña humanidad desapareciera. Asi todo sería natural, equilibrado, pacifico.

Y vuelvo al punto son los malditos símbolos los que nos meten en tantos problemas, desde la familia hasta el dinero, desde las relaciones sociales hasta las antisociales, todos son procesos que se ven dominados por la capacidad simbolica y significante que el hombre le ha dado. La sociedad es la culpable de los problemas sociales. El individuo es culpable de los problemas individuales. ¿quién más? Los asaltantes, violadores y asesinos  asaltan violan y asesinan porque la sociedad los ha obligado a hacerlo, ya sea educandolos, discriminandolos o adoctrinandolos.

¿Cómo quieren que una persona que nace y se desarrolla  entre asaltantes cuando crezca sea beneficiario público? ¿ cómo pedir que un niño que se desarrolla dentro de parametros clasistas o racistas sea combatiente de estos males cuando crezca?

¿De quién es el problema entonces? De todos. ¿De qué se queja la sociedad? de ella misma ¿Quién ataca a la sociedad? ¡Ella misma!  ¡vivimos en un circulo viciosos del que no se puede salir! No espera. si hay una salida : la realidad alternativa, es lo que yo hago, huyó, me voy, me malviajo. No, no necesito drogas, es una cualidad que apredi a utilizar y que sé que todos tenemos, no hay más que cerrar los ojos y volar sobre inmensos campos de fresas a través de inmensos cielos azules: nothing is real …strawberry fields  forever…

Anuncio de una crónica muerta

•Marzo 10, 2009 • 3 comentarios

El seis de junio del dos mil seis a las ocho de la mañana Rubén se levantó y recogió el periódico que diariamente llegaba a  su buzón.  Se sentó a desayunar a la par que ojeaba el  diario en busca de alguna nota de su interés, preocupado más por las noticias referentes al caso que él estaba investigando que por los desplantes diarios del presidente de la república en sus ya conocidos spots. Desde hacía medio año la agencia le había confiado la tarea de investigar al senador López Loreto que supuestamente estaba involucrado con el narcotráfico y  una secta que había secuestrado y asesinado a  por lo menos veinte niños el último mes.

        Casi a punto de terminar su desayuno su atención cayó sobre un edicto, el fondo negro y las grandes letras blancas lograron que su vista se fijara  en ese cuadro y olvidara todo lo demás, hicieron que se cayera su mundo al igual que el vaso de jugo que se dirigía a su boca. “El Mercurio lamenta la pérdida de su colaborador  Rubén Almaráz que trabajó durante diez años en nuestra redacción” decía el anuncio, la resaca que sufría fungió como detonante nervioso aquella mañana.

        Sin duda eso era una amenaza  y una señal del riesgo que corría al llevar a cabo esa investigación, que sin embargo, tenía ya casi terminada. Descubrió  los verdaderos nexos entre la secta, el narco y la política de la república; no sólo el senador López Loreto estaba involucrado sino también altos funcionarios de presidencia, medios y empresas importantísimas.

        Dejó el periódico, se bañó y salió de su casa. Un auto estaba estacionado en la acera de en frente, era él. Tratando de no ser visto por los vecinos se dirigió hacia el auto negro y subió arrancando inmediatamente. Le preguntó la razón de haber ido a buscarlo a su domicilio y exponer la operación después de tan intrigante suceso; nunca  Rubén tenía visitas, mucho menos esperándolo extrañamente frente a la casa de los García, los vecinos más chismosos de todo Coyoacán.

        El auto tomó avenida universidad y se metió en unas calles para salir a Reforma. Rubén  bajó del auto frente a las oficinas de El Mercurio y entró a la recepción observado por  el asombro de todo el edificio que detuvo sus labores para preguntarse cómo el muerto de aquella  mañana estaba caminando entre ellos.

        Rubén se dirigió  a la oficina del presidente, éste colgó el teléfono mientras  asombrado lo miraba entrar por la puerta.

        -¿Cómo es posible?- le preguntó el editor -Hoy en la mañana vimos tu cuerpo en la morgue, yo te vi…

        -Fue una artimaña planeada por ellos. En realidad no salí de mi casa en todo el fin de semana.

        – ¿Quieres que te de un tiempo, unas vacaciones, en lo que se calman las cosas?

        – No te preocupes Héctor, estoy bien. Ellos no me tienen localizado, no hay forma de que den conmigo.

        – Pero ya saben que los estás investigando, creo que es mejor dejar esto por un tiempo, no podemos arriesgarte más, ha sido demasiado con el susto de ésta mañana. Cerrarás la investigación, sabes que eres como un hijo para mí, me dolería mucho perderte. Creí que te había perdido hoy.

        – Agradezco que me hallas criado, pero eso no interrumpirá mi labor, tengo casi resuelto el caso no lo puedes echar atrás.

       – ¡Te lo prohíbo!

       – Si lo supieras no te atreverías… – dijo murmurando sin que Héctor lo escuchara.

        Rubén salió de la oficina sin atender a los reclamos y peticiones de su padre adoptivo. Se dirigió a su cubículo, recogió algunos documentos  y abandonó las instalaciones de El Mercurio. Caminó durante horas y pasó a comer a un restaurante de la colonia centro. La tarde fría y ventosa cada vez se volvía más obscura y él, después de un menú de platillos típicos de la ciudad,  reanudaba su caminata. Parecía que no tardaría en llover.  

        Sus pies lo llevaron a la colonia Roma, deambulando por las calles solitarias, oscuras y frías. Llegó a la calle de  Mérida acompañado de  una ligera llovizna. A mitad de la cuadra se ubica una casa antigua, casi en ruinas; el portón tenía el número ocho. Rubén tocó la puerta y  un sonido seco inundó el que al parecer era un pasillo, esperó unos minutos y después escuchó pasos lentos y arrastrados que se dirigían a abrir la entrada. Con un chirrido  oxidado, fuerte y espantoso se abrió el portón; un hombre delgado, de nariz afilada, ojos grandes, cabello negro y  blancas manos largas lo recibió diciéndole: – Te estábamos esperando.

Era él de nuevo, el mismo sujeto del auto negro en la mañana.

        Mientras Rubén se encontraba  comiendo en el restaurante, Héctor  decidió  salir de la redacción e ir a la morgue de nuevo a tratar de obtener información sobre el cadáver  que había creído esa mañana era el de su hijo.  Conducía lentamente tratando de encontrar una explicación a lo acontecido; el cadáver había sido identificado por él, sin duda era  Rubén muerto, pero,  si fue un truco de la mafia ¿Por qué había reconocido sin duda alguna aquél cuerpo? Llego a la  morgue y pidió ver al  occiso de nuevo. Los encargados lo dirigieron a la zona dónde se encontraban los cuerpos reconocidos, abrieron la urna  número ciento veintitrés  y se quedaron asombrados al ver que el cuerpo ya no estaba.  Los médicos salieron a las oficinas a preguntar si alguien se  lo había llevado, pero nadie sabía nada. El director del forense le prestó las pertenencias del difunto a Héctor, por si  le fueran de utilidad.

       Revisando la  chamarra  encontró una servilleta, en ella estaba escrito un número de teléfono y una dirección que no se encontraba muy lejos de allí. Sus manos arrugadas y viejas manejaban el volante desesperadamente.  En menos de diez minutos estaría en aquella dirección; el ambiente se hacía más denso y húmedo, era seguro que iba a llover.

       Llegó al lugar citado y  decidió aparcar ya que no era una colonia muy transitada y sus calles eran anchas. Una ligera llovizna caía sobre la ciudad, sin embargo, se avecinaba una tormenta pues fuerte viento era pronóstico del aguacero que caería horas después.

       Atento observó la llegada de alguien a la dirección de la servilleta, su silueta era delgada y alta, parecía tener cabello corto y piel blanca; el sujeto tocó la puerta  y espero unos minutos antes de que alguien le abriera. Héctor aprovechó ese momento para salir del auto y dirigirse lentamente hacia el domicilio. Justo antes de que el portón fuera abierto logro cubrirse detrás de un coche  cercano y escucho el saludo de bienvenida que le daban al sujeto que tocó la puerta: – Te estábamos esperando.

        Antes de entrar, Rubén volteó hacia atrás para verificar que nadie lo  estuviera siguiendo:  con un gesto de naturalidad macabra saludó al hombre que le abrió la puerta, se dispuso a seguirlo no sin antes verificar que la entrada estuviera cerrada. Cuando lo hizo, el pasillo al que acababa de entrar quedo en tinieblas. Pero había suficiente luz como para seguir los pasos de su anfitrión.

       Héctor logró impedir silenciosamente que la puerta cerrara, seguía perplejo por haber encontrado a Rubén en aquél sitio, lo identificó cuando él volteó hacia atrás. ¿Qué haría ahora? ¿Estaría bien seguirlo? Se decidió por entrar después de esperar unos minutos para no tener el paso tan cercano a ellos y poder espiar sin correr peligro. Aunque él sabía que el simple hecho de estar ahí significaba ya un inmenso peligro.

        Seguía a paso firme el camino que su anfitrión le indicaba. Era un largo pasillo sin luz con muchos cuartos a los costados; la mayor parte de las puertas eran de madera,  estaban roídas y rotas, con agujeros cerca del suelo. Rubén alcanzó a escuchar lamentos humanos. No se asombró en lo absoluto pero decidió asomarse por uno de aquellos agujeros. La habitación era grande y  en medio había una mesa repleta de comida  la cual era la única zona alumbrada de aquel lugar. Como  le pareció no ver nada interesante en aquél lugar  se apresuro por alcanzar a su guía.

        -¿Para qué tienen esa mesa en aquél cuarto repleta de comida?

        – Es el proceso de iniciación para los niños que serán sacrificados esta noche.

        – ¿En qué consiste?

        – Están encadenados de los pies desde hace un par de semanas. Eran aproximadamente veinte menores cuando los trajimos.

       – ¿Eran? ¿Se han sacrificado algunos ya?

        – Es la ley del más fuerte Rubén, algunos han mutado de comensales a comida para sus acompañantes.

        Héctor entró al pasillo, no podía ver bien, pero alcanzaba a distinguir las siluetas de aquél lugar, caminó unos cien metros, en definitiva era aquella una casa muy grande, probablemente cubría toda la manzana. El pasillo terminó y giró a la derecha  donde una serie de habitaciones seguía su curso, por un momento se sintió desorientado, le pareció que el pasillo lo llevaba cuesta abajo. Justo al dar la vuelta en aquél pasadizo escucho el gemido de un niño. Forzó su vista para alcanzar a percibir algo  y notó que un brazo salía de un agujero en una puerta cerca del suelo. Los lamentos de aquél niño eran cada vez más grandes, sus gritos de dolor abarcaban todo el lugar e infundían miedo y nerviosismo en Héctor.

        Rápidamente se echó al suelo para  descubrir el porqué de esos lamentos aterradores.  Vio la silueta de un niño revolcándose por el dolor y algo que estaba detrás de él  provocándoselo. Tomo la mano que salía por el agujero de la puerta. El niño volteó a verlo cuando lo sintió y  Héctor aterrado  observo su cara, sangrando, deforme, sin piel, como si hubiera sido mordida por alguna bestia. Un pedazo de piel le colgaba de la mejilla a aquél pequeño, qué  al ver a Héctor le gritó: – ¡Es mi hermano! ¡Dile que no lo haga! ¡Es mi hermano!… Héctor lleno de miedo y desesperación echó a correr por aquél largo pasadizo.

         Rubén  y su acompañante llegaron a lo que parecía ser el sótano de aquella vieja casa. El lugar estaba alumbrado por antorchas y en medio había una gran piedra  tallada que  cumplía la función de tótem. A un costado se encontraba un escenario, de piedra también, dónde un  sujeto completamente desnudo degollaba  a un infante para en seguida beber su sangre y compartirla con los demás seguidores de la secta. Alrededor de aquél escenario mortuorio había una cantidad inmensa de pequeños cuerpos desmembrados.

        Héctor había llegado inconscientemente a la entrada de  aquél sótano, se asomó por un espacio pequeño  y miró al tótem, la gran mesa de piedra con los cuerpos desmembrados y la orgía que se practicaba en aquel lugar. Un olor asqueroso y nauseabundo salía de aquél sitio. Lleno de asombro observó como el que parecía ser Rubén se desvestía para unirse al rito ceremonial, pero algo lo dejó  más asombrado de lo  que ya estaba: el sujeto que abrió la puerta aquella noche era idéntico a Rubén.  De pronto se escucharon oraciones, alabanzas y gritos inhumanos; llegaba un nuevo sacrificio. Una niña de alrededor de 13 años era subida  a la piedra ceremonial, tenía la boca cubierta de sangre seguramente por haber participado de algún banquete antropofágico. Rubén y su doppelgänguer subieron desnudos al escenario y mientras besaban y violaban  bestialmente a la niña la mordían y arrancaban pedazos de carne. En ese momento  mi cliente, señor juez cayó inconsciente, cuando despertó se encontró en el hospital carente de lengua. Si éste testimonio se ha hecho público es porque lo ha entregado por escrito a la corte. Exigimos se condene a Rubén Almaráz  a una sanción que, aunque ilegal, consideramos justa en éste caso. Exigimos la pena capital.

Delirio

•Febrero 27, 2009 • 3 comentarios

Una noche tormentosa, en la que los rayos eran muy estridentes, y el océano se encontraba muy revuelto. Encontré en el pacifico flotando en una balsa pequeña y de color blanco a un náufrago que había estado en un desafortunado episodio común en las embarcaciones militares.

 Su nombre era Luis Alejandro Velasco y tenía ocho días en está aventura en la que vivió una serie de cosas que según pudo relatarme – no se las deseo a nadie -, su aspecto mostraba el cansancio similar al de alguien que trabajado sin parar por mucho tiempo. Estaba cansado, sediento y chamuscado por el sol.

 Comenzamos a entablar una curiosa conversación que inició con algo tan simple y tan obvio que parece una tontería. ¿Cómo está? – Le pregunté – cosa bastante torpe, para alguien que ha estado varios días sin comer, sin beber y expuesto a los rayos del sol. – Mal y muy cansado – me respondió, con una falta de interés tremenda, la cual yo atribuí a su falta de alimento y sus pocas horas de sueño.  La verdad no supe que decir, qué consuelo podría darle yo que no era más que el producto de su volátil imaginación. Me puse roja hasta las orejas y comencé a sudar.

 Hubo un largo silencio mientras intentaba pensar qué palabras podría reconfortar a un desgraciado como aquel. ¿Gusta un cigarrillo? le dije, al tiempo que sacaba de mi bolsillo una cajetilla de Camel y un encendedor de esos que cuentan tres pesos en el mercado. Él me respondió – no fumo, es malo para los pulmones – luego lo recapacitó un poco y me dijo – ¿qué importa ya si cuido mis pulmones? De todas formas no creo salir vivo de este embrollo.

 Intenté darle ánimos diciendo ya veras que las cosas se van a arreglar. Pero él no pareció tan convencido de ello. Detesto – me dijo – que las personas quieran darte esperanzas inútiles al respecto de algo que está totalmente perdido. Después de ocho días en los que he estado perdido, sólo he visto tres aviones que intentaron rescatar a los náufragos de la tripulación y yo no tuve la fortuna de morir con ellos. Para es momento es evidente que Luis ya consideraba a la muerte como un privilegio, más que un castigo.

 Su maltrecho cuerpo estaba a punto de sucumbir ante el cansancio y la desesperación de no tener algo de lo cual aferrarse para mantenerse lucido, entonces se levantó del lugar en el que había estado sentado largo tiempo, dio un pequeño giro hacia la derecha y dispuesto a todo se lanzó a la inmensidad del agua, dispuesto a ser devorado como un pequeño pez al que devora un tiburón.

 De pronto sintió la humedad del inmenso mar que lo rodeaba, como la corriente lo jalaba hacia en fondo, saboreó un poco de agua salada; pudo ver como era atacado por un enorme tiburón blanco, el cual le arrancaba una mano de un tajo, sintió como comenzaba a desangrarse y a perder fuerza. Entonces un sobresalto lo volvió a la realidad, despertó lleno de sudor frío, ese sudor que sólo puede producir un mal sueño. Pudo ver que aquello que lo atormentaba había producido tan horrible sensación, era sólo una gaviota que picoteaba su mano y había ya logrado hacerle una pequeña herida.

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Una vez más cedo este espacio para presentarles el que al menos a mi me pareció un gran cuento, tiene un retruecano medio raro que le da el toque especial, el narrador es la alucinación del personaje y  hasta ahora no habia leido algo asi. Espero les haya gustado el cuento la autora es :Fabiola Hidalgo. Le mando un abrazo y un beso. Gracias a ustedes por visitar.

Me supernovo con rápidez…

•Febrero 19, 2009 • 2 comentarios

Fue entonces cuando comenzé a sentir calor, de ese calor asfixiante, secante que sólo logra incomodar. Caminaba lentamente por la tarde calurosamente redundante que habia sido enmarcada, catalogada y enjuiciada con la palabra “contingencia ambiental”. Respiraba lentamente el espeso smog que cubría la ciudad, mirando hacia abajo, más para no ver a los demás que porque tuviera alguna tendencia suicida. Izquierdo, derecho, izquierdo, derecho. El torbellino de ruido, de gente, de smog, de calor y de luz me hacian tambalear mientras seguia viendo mis pies andar. Derecho izquierdo, derecho izquierdo, alto.

Reconocí esos tenis: gastados, sucios, libres, cómodos, irreales, utópicos. Mi mirada subió lentamente hasta que vi tu rostro. Una leve sonrisa más apática que gustosa se entornaba en tu rostro. Tus ojos rasgados, pequeños me miraban entre alegremente y apaticamente igual que tu sonrisa. Tal vez soy masoquista porque es la mirada entre alegre y apática que me gusta ver siempre. Indica que todo es normal, que no hay nada que halla cambiado ni hacia la alegria, ni hacia la tristeza, ni hacia el orgullo, ni hacia el enojo, ni hacia el odio. Miro tus ojos y sonrio más porque me gusta hacerlo que porque demuestre una norma de cortesia común en el tipo de relación que indica que debe ser como debe ser. Esa relación que tu y yo tenemos.

Me quedo callado, andas y te sigo, sin palabras, sin más gestos que las sonrisas regaladas en cuanto nos vimos. No espero nada más, sólo esos instantes que me hacen sentir bien y olvidar el smog, el calor, la gente, el dolor, los problemas, el ruido. Ese viaje intrapersonal que solo se logra interpersonalmente contigo, con tu sonrisa medio apática y medio alegre. Llegué media hora tarde hoy, y te cancelé una cita otro dia. Finges que no te importa, pero sé que te enoja, finges que me comprendes pero sé que no es así, porqué la comprensión no existe; finges que no me quieres, pero tengo pruebas contundentes de que eso es una falacia.

¿Qué por qué lo sé? Es fácil, odias que te deje esperando, que te cancele una cita, que no te bese la mejilla ni que te acaricie el cabello, odias que llegue tarde al metro y que no te cargue la mochila. Son esos tipos de cosas que siempre odian cuando aman a alguien. Porque aunque lo hagas poco y secamente, sé que me amas. Porque una cosa es el enamoramiento y otra el amor. Yo no creo que te amo, más bien sé que te amo. A veces esto no se puede identificar tan fácil, es pero que no sólo estes enamorada, pero seguiré creyendo, soñando, delirando y cantando que me amas.

Abren las puertas y entramos, con el calor, el smog, la gente y el ruido. Caminamos.

Pulga

•Enero 27, 2009 • 2 comentarios

Desde el primer instante en que lo vi sabia que era un ser especial. Aunque muy pequeño, me hacia sentir una gran alegria el poder mirarlo, lo cargué entre mis manos y lo nombré. Era mio. Mi amigo. Su piel seguia algo humeda pero no me dió asco. Se podia notar que no alcanzaria demasiada altura, siempre dicen que las mejores cosas del mundo vienen en pequeños paquetes, pensé, y sonreí. Pulga, ese era su nombre.  Pelaje color miel con las patas y el pecho blanco, orejas grandotas como averiguando los secretos de una casa fria. Siempre atento a cualquier cosa que pasara por la casa, tirado en  el patio donde le diera el sol, alegre cuando lo llamabas y si te encontrabas falto de ánimo se podria creer que hasta cierto punto te entendia, se sentaba a tu lado como escuchandote, mirandote pasivamente esperando a que soltaras una sonrisa y empezaces a jugar. Pulga era mi amigo, me río al pensar que tal vez el único que me recibia alegremente al llegar a casa, al menos él si se alegraba de mi regreso.

Hoy me arrebataron a mi amigo, a ese perro que   alegre  saltaba al ver cada mañana que salia de mi cuarto, el que se quedaba dormido por horas junto a mi en la cama, que  aullaba cuando llovia y  perseguia a los gatos del vecino. Se lo llevó una señora gorda que sonreia, estaba feliz. No quise ver su cara, no quiero saber quién se lleva a mi amigo, sólo lo vi a él antes de que saliera de mi puerta, con cara de asombro, de duda. “¿Por qué está señora me esta agarrando? ¿ Por qué me separan de mi hogar? ¡Yo estoy a gusto aqui!” pensé que diria, si pudiera hablar claro.

¿Qué estará haciendo ahora? ¿Lo estarán agarrando pesadamente un monton de niñitos imbéciles riendo mientras lo hacen sufrir? ¿Lo  obligarán a comer o ladrar solo para tener un espéctaculo del nuevo juguetito que tienen? ¿Y que harán cuando se cansen? ¿Lo dejarán durmiendo en la azotea o en el patio durante las noches frias cuando se hallen aburridos de él? ¡Malditos! ¡Es mi perro! ¡Es mi amigo!

Es mi perro, mi Pulga y no lo quiero olvidar, tengo miedo de hacerlo, miedo de despertar mañana y no verlo al salir de mi cuarto, miedo de que en una semana, un mes, un año, ya me hallá olvidado de él.

Sueño Real

•Enero 20, 2009 • 3 comentarios

Valla hasta que despierto, jamás en mi vida había dormido tanto, pero ¿Por qué estoy en la cocina de mi casa?; y además tuve unos sueños horribles en el que tomaba un cuchillo extremadamente filoso y con el cortaba la garganta de mi hermano menor soltando una carcajada de extrema frialdad.

 

Carlos, Carlitos, hermanito ¿Dónde estas? Debe estar en el baño donde soñé matarlo (risa insegura).

 

Es mejor levantarme de aquí  e irme a dormir ala recamara, pero estoy muy cansado para moverme y no quisiera encontrarme con la ventana rota por donde tire a mi madre al perseguirla por darse cuenta que mate ami hermanito en el baño (risa insegura).

 

Estoy muy débil, ni durmiendo todo el día se me quita este dolor de estomago que tengo, quizás tengo que descansar un poco mas para recuperarme  o tal vez deba ingerir un poco de alimento, si ya se me volveré carnívoro y comeré una de las extremidades de mi hermana mutilada (risa insegura).

 

Me parecieron muy reales esos sueños, no se si en verdad hice todo eso y además si fue así tuviera en mis manos el cuchillo con el que mate ami hermano, amenace a mi madre para empujarla por la ventana y mutile ami hermana pero solo tengo ensangrentadas mis manos y no veo ningún cuchillo cerca mas que este pero creo que esta clavado entre mis costillas y por culpa de Carlitos los mate a el, a mi madre a mi hermana y me termine encajando  este cuchillo pues no me dejaba dormir con sus lloriqueos, espero ya nadie me interrumpa de este gran sueño del cual no pretendo despertar jamás.

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Hola. Este cuento no es mío. Es un espacio que cedi a un amigo de Tamaulipas que se llama D.D.T.  A ver que les parece, se aceptan críticas. Un saludo a todos, buena vida y gracias por visitar.

Harley.

•Enero 7, 2009 • 1 comentario

El frío calante de la madrugada  provocaba el erizar de los poros de mi piel, la densa niebla impedia que mi visión nocturna se desarrollara. La velocidad aumenta y el sonido del pequeño motor de mi máquina provoca un estruendo cada vez más fuerte: velocidad, ruido, velocidad, Ruido, velocidad, RUIDO…..  Silencio total. 

El asfalto es tibio por las noches, mi cara  logra percibirlo; la motocicleta está a unos 3 metros de mi. ¡Qué extraño!  Veo mi mano sangrando, los dedos desechos, el brazo morado, herido… ¡Pero no siento dolor!… Recuerdo cuando me compré mi motocicleta. ¡Una auténtica Harley Davidson clásica! Negra, con acabados plateados, tan brillante que la luna resplandeciente se refleja en ella. Pero esta a tres metros de mi.

¿Quién será es chica linda que se acerca? Morena, piel blanca, labios rojos, con una bata blanca que no opaca su esbelta figura, más bien resalta sus detalles más feméninos. Es hermosa. ¿Pero por qué me ve con compasión? Se agacha en el pavimento para observarme mejor, trato de acercar mi mano a la suya pero mis intentos no obtienen respuesta; le quiero hablar y mi lengua está entumida.  ¿Quién es aquél hombre que le llama? ¿Será su novio? Se levanta rápidamente y con cara de dolor le dice algo al otro tipo que viene de traje.

¡Pero si es Iván! ¡Iván, Iván, hermano! ¡Hermano, ven! ¡Iván!…

Mi lengua sigue dormida,  será  por el vodka tal vez , lo único que logran percibir mis oídos es el estruendoso palpitar de una sirena  de  ambulancia que pasa por alguna calle cercana. Iván está llorando, se esta.. ¡A dónde vas! ¡Iván! ¡Hermano, no te vallas, no me dejes! ¡Ven por mi, llevame, quiero ir a casa, saludar a mamá! ¡Hermano!…

La chica de blanco viene a verme de nuevo y con una  fría y monótona mirada me empieza a cubrir con una sábana blanca. ¿Por qué? Sólo a los muert… ¡No, no es posible, no estoy muerto!¡No! ¡Iván! ¡Hermano ven! ¡No estoy muerto! ¡Hermano! ¡NO ESTOY MUERTO!

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Bueno, pues  escudriñando en mis libretas de semestres pasados encontré este cuento que hice una vez para  un “intercambio de objetos” en la clase de la profesora Nieves Pliego de Expresión Oral y Escrita. Espero les haya gustado. Gracias por visitar y erspero sus comentarios. ¿Banda, no te sientes “fustrada”?